De Paso

Existe una diferencia esencial entre fotografiar un lugar que uno conoce y fotografiar uno que ve por primera vez. Retratar algo o alguien conocido implica haber preparado la toma antes, siquiera mentalmente, haber, como mínimo, imaginado la imagen que a uno le gustaría hacer, las diferentes opciones se conjugan de antemano para estar predispuesto: los aspectos técnicos, estéticos, la razón por la que se hace una fotografía, la idea primigenia del sentido que se le quiere dar a la imagen que se va a crear, etc. Sin embargo, cuando se fotografía un referente que se acaba de descubrir por primera vez este proceso es distinto, especialmente cuando se está de paso en un lugar al que uno sabe que probablemente no volverá. Se produce un juego de seducción, como una revelación que te indica que es ese espacio y no otro el que vas a fotografiar. Hay que improvisar con el material que uno lleva consigo, no hay mucho tiempo para deliberar, para esperar una luz adecuada, para volver en otro momento cuando la calle esté más tranquila, o quizás más agitada. Aun así se arriesga, se fotografía, se intenta extraer una suerte de “carácter” de ese espacio, como quien retrata a una persona y trata de captar el gesto preciso que le interesa.